El Desplazamiento del Eje Productivo hacia el Norte: ¿Estamos Preparados para lo que Viene?

A medida que el tiempo avanza, ciertas transformaciones urbanas que en su momento parecían temporales, hoy se consolidan como una clara tendencia.

Durante la pandemia, el auge del trabajo remoto generó un fenómeno que modificó radicalmente la lógica de vivienda de los sectores con mayor poder adquisitivo. Muchas personas aprovecharon propiedades que originalmente estaban pensadas como casas de fin de semana en zonas más verdes y abiertas, principalmente en el corredor norte del AMBA, y las convirtieron en sus residencias permanentes. En otros casos, decidieron directamente construir nuevas viviendas en barrios como Tigre, Pilar o Escobar, impulsados por la necesidad de expansión, contacto con la naturaleza y salidas al exterior.

Esta migración, que en principio parecía un cambio residencial, pronto comenzó a impactar también en el ámbito laboral. Con el retorno progresivo a la presencialidad, muchas de esas personas ya no estaban dispuestas a atravesar largos trayectos diarios hacia sus antiguas oficinas en Microcentro o Retiro. El resultado: empresas enteras comenzaron a trasladarse también, buscando instalarse más cerca de donde viven sus líderes y trabajadores.

Barrios como Núñez, Belgrano y Vicente López han sido receptores directos de esta tendencia. Hoy, no sólo hay nuevas oficinas en estos sectores, sino también desarrollos inmobiliarios mixtos que combinan vivienda, trabajo y servicios.

Un caso emblemático es el Parque de la Innovación, ubicado en el predio del ex Tiro Federal. Allí se proyecta la construcción de 11 edificios que integrarán viviendas, oficinas y, de manera innovadora, también facultades. Esto nos habla de un nuevo tipo de centralidad urbana, donde el conocimiento, la empresa y la residencia conviven en un mismo entorno.

Este cambio estructural nos invita a una reflexión clave: ¿estamos preparados para absorber el flujo creciente de personas que comenzarán a moverse cotidianamente por estos barrios? Porque no se trata solo de trabajadores o estudiantes; también hay que considerar la gran afluencia de público que genera el Estadio Monumental durante los partidos y eventos masivos.

Hoy Núñez y sus alrededores no cuentan con la infraestructura de transporte que históricamente tuvo el centro porteño. Las líneas de subte no llegan, la oferta de colectivos es limitada y la red de trenes, aunque útil, no es suficiente por sí sola. Además, la escasez de cocheras limita la opción de moverse en auto, generando un cuello de botella tanto en el acceso como en la permanencia en el barrio.

No tengo una solución concreta, pero creo que es momento de abrir el debate. Tal vez este escenario represente una oportunidad para pensar nuevos desarrollos urbanos, infraestructura de movilidad y servicios que acompañen este cambio de paradigma. Lo que está claro es que el eje de la ciudad se está corriendo, y como toda transformación, esto exige planificación, anticipación y visión de largo plazo.

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